La mayoría de nosotros vivimos atrapados en el presente. En el afán de la mañana, en sacar a los hijos al colegio, en ir a trabajar, en volver del trabajo, en las cosas de la cotidianidad. Hay tanto que resolver en el día que casi no queda tiempo. Y es cierto — nuestro presente es importante, urgente, real. Pero mientras estamos ahí, resolviendo lo de hoy, hay algo que se nos escapa.
No tenemos tiempo para analizar hacia dónde va el futuro, ni para preparar a nuestros hijos para él. Y mientras estamos ahí, resolviendo lo urgente, nuestros hijos están creciendo hacia un mundo que ya no es el nuestro. Un mundo en plena transformación tecnológica que va a generar cambios muy significativos en la forma de vida de la gente.
Esa es la pregunta que casi ningún papá se hace — no porque no quiera hacerlo, sino porque vivir el presente es difícil. Criar un niño requiere atención permanente, el trabajo, las responsabilidades diarias... todo consume. Pero en medio de eso, hay preguntas que no deberían quedarse sin respuesta: ¿Cómo se va vislumbrando el futuro? ¿Hacia dónde quiero que llegue mi hijo? ¿Qué estoy haciendo para prepararlo para ese mundo que viene?
"No estamos criando hijos para que vivan en nuestro mundo. Los estamos criando para que construyan el suyo."
Los que miran el futuro como oportunidad
Hay algo que distingue a las personas que más han logrado transformar su vida y su entorno: no le temen al futuro. Lo miran como una oportunidad, no como una amenaza. No esperan a que el cambio los sorprenda — lo anticipan, y se preparan para construirlo.
Eso cambia todo. Porque cuando sabemos, aunque sea de forma general, hacia dónde se mueve el mundo, podemos tomar mejores decisiones hoy — como padres, como educadores, como sociedad. No se trata de predecir el futuro con exactitud. Se trata de no quedarnos paralizados en el presente, sin ruta, dando pasos sin saber hacia dónde van.
Lo que se está hablando sobre las habilidades del futuro
El Foro Económico Mundial — año tras año — estudia hacia dónde se mueve el mundo del trabajo, e identifica las habilidades que más van a necesitar las próximas generaciones. Esto es lo que la evidencia está mostrando — y qué significa realmente cada una para la formación de un niño hoy.
No es simplemente "opinar." Es la capacidad de construir nuestra propia información, analizando lo que se nos presenta — en lugar de recibirlo y repetirlo sin más. Un niño con pensamiento crítico no se traga todo lo que le dicen, ni siquiera lo que le dice una inteligencia artificial. Pregunta. Verifica. Construye su propia comprensión del mundo.
Los robots no crean. El ser humano sí — y siempre lo ha hecho. Pero hay algo importante: la creatividad necesita conocimiento previo. No se puede transformar la realidad desde el vacío. Primero hay que saber, para después poder crear.
El mundo moderno nos exige aceptar ideas diversas — no pelear contra ellas, sino sacarles provecho. Entender el pensamiento del otro, así sea distinto al nuestro, es lo que nos permite adaptarnos con más facilidad a lo que viene.
Como bien lo explicó Daniel Goleman, la inteligencia emocional es uno de los pilares fundamentales del desarrollo humano. Nos permite crecer como personas, relacionarnos mejor, y hacer mejores cosas con lo que sabemos.
Comunicación asertiva, trabajo colaborativo, respeto por la diversidad. Ninguna máquina, por avanzada que sea, puede reemplazar la forma en que un ser humano conecta con otro.
¿Por qué el cambio se siente tan abrumador?
El cambio no es nuevo. Los escribas de la antigüedad ya no existen. Los herreros de la Edad Media tampoco. Y en la era contemporánea, trabajos que eran comunes hace poco tiempo ya están desapareciendo o transformándose. Por ejemplo, los dibujantes de dibujos animados —aquellos que dibujaban fotograma por fotograma los cartoons— ese trabajo ya no existe como lo conocíamos. Ahora se hace por computador.
El trabajo no desapareció: se transformó, evolucionó, se adaptó a nuevas herramientas y nuevas necesidades. Y eso es lo que seguirá pasando. Por eso tenemos que adaptar a nuestros hijos al mundo que se está presentando y a los cambios que vendrán a futuro.
Es como la tierra: se mueve constantemente, cada segundo, aunque a nosotros nos parezca estática. Hoy, gracias a la tecnología, las transformaciones ocurren mucho más rápido — y eso hace que adaptarse parezca más difícil. Pero el mecanismo es el mismo de siempre: el ser humano se adapta, aprende, y avanza.
La tecnología al servicio del hombre — no al revés.
La ciencia y la tecnología existen para servir al ser humano. No al contrario. Si no existiera el hombre, ¿para qué serviría la inteligencia artificial? ¿Quién usaría los robots, y para qué los usaría? La tecnología solo tiene sentido en función de las personas que la crean y la utilizan.
Cuando hablamos de preparar a nuestros hijos para un mundo más científico y tecnológico, no hablamos de convertirlos en máquinas eficientes. Lo científico es entender el método — preguntar, comprobar, pensar con evidencia. Lo tecnológico es saber usar las herramientas que la humanidad ha creado. Ambos importan, porque nuestros hijos, como adultos, van a tener que enfrentarse a ese mundo todos los días.
El futuro que queremos que nunca llegue
Hay autores y teóricos que vaticinan futuros difíciles: conflictos por el agua, por el medio ambiente, por recursos cada vez más escasos. Y es cierto que esos riesgos existen. Pero quiero ser clara en algo: este artículo no es un mensaje de alarma. Es justo lo contrario.
Si preparamos a los niños de hoy —con pensamiento crítico, con creatividad, con resiliencia, con conocimiento científico y tecnológico— les estamos dando las herramientas para enfrentar esos problemas antes de que se conviertan en crisis. Les estamos dando la capacidad de atacar las causas, no solo de sufrir las consecuencias.
Si lo hacemos bien, ese futuro negativo que algunos vaticinan simplemente nunca llega. Porque lo transformamos antes de que ocurra.
"El hombre siempre ha querido un mundo mejor. Por eso ha inventado, ha transformado, ha mejorado. La calidad de vida que tenemos hoy es prueba de eso."
Hacia una sociedad del conocimiento
Necesitamos preparar gente dinámica: líderes, personas con conocimiento, con habilidades personales únicas que les permitan enfrentar un mundo cambiante. No solo por su propio bienestar, sino para que la sociedad entera siga creciendo.
Ahí es donde la ciencia y la tecnología van de la mano. Si preparamos así a los niños de hoy, podemos aspirar a un futuro de mayor prosperidad y a un ciclo positivo de desarrollo. Por eso es tan importante entrar de lleno a la sociedad del conocimiento — donde podemos anticipar los cambios tecnológicos, y diseñar desde ahora las estrategias que permitan a nuestros hijos ser competitivos en el futuro que viene.
Lo que podemos hacer desde hoy
Tres pautas para empezar
Un niño que aprende a hacer preguntas, a buscar evidencia, a no aceptar todo de inmediato, va a estar mejor preparado para usar bien cualquier tecnología que venga — incluso las que todavía no se han inventado.
El mundo que viene va a premiar a quienes sepan adaptarse y seguir aprendiendo durante toda la vida, no a quienes simplemente repitan lo que ya saben.
Saber regular sus emociones, ponerse en el lugar del otro, comunicarse con asertividad — eso no lo va a hacer ninguna máquina por ellos.
En la Fundación Clara Inés King acompañamos a familias y jóvenes en el desarrollo de las habilidades que el mundo de hoy exige. Si quieres explorar este camino, estamos aquí.
Nota importante: Los contenidos de ClaritaKingEduca tienen carácter exclusivamente informativo y divulgativo. No constituyen consejo, diagnóstico, tratamiento ni intervención psicológica, educativa o terapéutica de ningún tipo. No reemplazan en ningún caso la evaluación ni la intervención de un profesional especializado. La Fundación Clara Inés King ofrece atención presencial en Bogotá, Colombia, y consultas virtuales según el caso — fundacionclarainesking.org · WhatsApp: +57 318 651 54 58
Lo que de verdad queremos para ellos
Sé que, si hay algo que todo papá y toda mamá quieren para sus hijos, es que sean felices. Y por eso vale la pena decirlo con claridad: preparar a nuestros hijos para el mundo que viene no es solo una cuestión de competitividad o de éxito profesional. Es, en el fondo, una cuestión de felicidad — la suya, y la de la sociedad en la que van a vivir.
Martin Seligman, padre de la Psicología Positiva, encontró que la felicidad no depende del estatus, la riqueza o la apariencia, sino de fortalezas como el propósito y el sentido de vida. Viktor Frankl, que sobrevivió a los campos de concentración nazis y dedicó su vida a estudiar esto mismo, llegó a una conclusión parecida: el ser humano no busca principalmente placer ni poder — busca sentido.
"La felicidad es como una mariposa. Cuanto más la persigues, más huye. Pero si vuelves la atención hacia otras cosas, ella viene y suavemente se posa en tu hombro."
Eso es justamente lo que buscamos cuando preparamos a un niño con pensamiento crítico, creatividad, resiliencia, propósito. No estamos persiguiendo la felicidad directamente — estamos construyendo las condiciones para que, sin perseguirla, se pose sobre la vida de nuestros hijos.
¿Hacia dónde se va vislumbrando el futuro?
¿Y a dónde quiero, de verdad, que llegue mi hijo?
Nuestros hijos no van a vivir en el mundo donde nosotros crecimos. Van a vivir en uno que apenas estamos empezando a vislumbrar — más científico, más tecnológico, más cambiante, y también, si lo construimos bien, más próspero.
No los estamos preparando para nuestro mundo.
Los estamos preparando para el suyo.
— Carolina Larrarte
Fundación Clara Inés King · Bogotá, Colombia
fundacionclarainesking.org · claritakingeduca.com
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