La hora de la comida se ha convertido en la pelea más agotadora del día. Lo que empezó como "es que es muy delicado para comer" se fue convirtiendo, sin que nadie lo notara, en un problema que ocupa toda la energía de la familia.
Si eso te suena familiar, quiero decirte algo antes de empezar: no eres el único papá o mamá que está viviendo esto. Y en la mayoría de los casos, tiene solución.
"La alimentación selectiva es frecuente, tiene nombre, tiene explicación — y tiene un camino de salida. Pero ese camino requiere estrategia, no improvisación."
Un caso que veo con frecuencia en mi consulta
Llegó a mi consulta de gastroenterología un niño de 24 meses. La preocupación de los papás era clara: había dejado de ganar peso y estaba saliendo de los percentiles de crecimiento esperados para su edad.
Al revisar su alimentación, el panorama era este: solo comía comida frita y apanada, con rechazo absoluto a frutas y verduras. Esa conducta había empezado aproximadamente seis meses antes de la consulta. El pediatra ya había realizado diferentes exámenes descartando enfermedades de base, y se habían iniciado suplementos calóricos.
Cuando llegó a mi consulta, el niño tenía un percentil de peso en menos tres y una talla en percentil diez — por debajo de lo esperado para su edad. Al hacer la historia alimentaria con detalle, encontré algo que aparece en casi todos estos casos: no había horarios establecidos, y el niño comía siempre frente a dibujos animados.
Esta situación es mucho más común de lo que parece. Y tiene solución.
¿Qué es la alimentación selectiva?
La alimentación selectiva — conocida en inglés como picky eating — es frecuente entre los 2 y los 6 años. Los niños pueden rechazar alimentos nuevos, aceptar solo un número limitado de opciones, o mostrar preferencias muy intensas por ciertas texturas, colores o sabores.
En la mayoría de los casos forma parte del desarrollo normal. Existe además un fenómeno llamado neofobia alimentaria — el miedo o rechazo a probar alimentos nuevos — que suele aparecer entre los 18 meses y los 6 años, y que también es una etapa evolutiva esperable.
La buena noticia: la exposición repetida y sin presión es una de las estrategias más eficaces para superarla. Los estudios muestran que puede ser necesario ofrecer un alimento entre 10 y 15 veces antes de que un niño lo acepte.
El error más común que veo en consulta
Cuando los papás se preocupan porque su hijo no come, la reacción más natural es ofrecer opciones. Varios menús diferentes. "¿Esto no quieres? ¿Y esto otro?" La lógica parece sensata: con tal de que coma algo.
Pero lo que ocurre en realidad es que, sin darnos cuenta, le estamos dando al niño el control de una decisión que todavía no está preparado para tomar. El niño aprende que si rechaza lo que hay, aparecerá algo mejor. Y el ciclo se retroalimenta.
Otros errores frecuentes: reemplazar las comidas por yogures o leche — que el niño sí acepta — con la lógica de "algo es algo." O no respetar horarios, dejando que el niño coma cuando quiera y lo que quiera. Ambas estrategias, aunque nacen del amor y la desesperación, dificultan el proceso de ampliar la dieta.
Y la pantalla durante las comidas — el recurso de los dibujos animados para que "coma sin darse cuenta" — también termina afectando, porque el niño deja de conectar con las señales de hambre y saciedad de su propio cuerpo.
Lo que le digo a una mamá desesperada
En mi consulta llegan papás que llevan meses — a veces años — en esta lucha diaria. Mamás que ya lloraron, ya gritaron, ya intentaron de todo. Y lo primero que les digo siempre es lo mismo:
Primero: no te preocupes, porque ya hemos realizado todas las analíticas y valoraciones necesarias, y hemos descartado que haya una enfermedad de base que esté impidiendo el crecimiento adecuado.
Segundo: no eres la primera familia que atiendo con esta situación.
Tercero: vamos a ir paso a paso. El camino no será fácil, pero te voy a acompañar en el proceso. Y poco a poco, con la estrategia adecuada, irás viendo que mejora.
"Una familia que tiene estrategia y consistencia puede transformar la relación de su hijo con la comida. Pero se necesita tiempo, calma — y no rendirse a la primera."
🍽️ Tips para las mamás — desde la consulta
El cuerpo de un niño aprende a tener hambre a horas regulares. Sin horarios, el sistema se desorganiza y la sensación de hambre se vuelve impredecible.
Ofrece lo que hay. Si no lo acepta, retira el plato sin drama y sin reemplazarlo por otra opción. La próxima comida llegará pronto.
El niño necesita conectar con su cuerpo — sentir el hambre, reconocer la saciedad. La pantalla interrumpe esa conexión.
Ofrece alimentos nuevos repetidamente — puede ser necesario entre 10 y 15 veces antes de que el niño los acepte. Sin forzar, sin dramatizar, sin convertirlo en una batalla.
Los niños aprenden por imitación. Ver a los adultos comer con normalidad y variedad es una de las herramientas más poderosas que existen.
Eso le da a la comida un peso emocional que complica la relación del niño con ella a largo plazo.
Un niño que participó en elegir o preparar un alimento tiene más probabilidad de querer probarlo.
¿Cuándo sí hay que preocuparse? Las señales de alarma
El Trastorno Evitativo/Restrictivo de la Ingesta Alimentaria (ARFID) es diferente de la alimentación selectiva habitual. Es importante aclarar que el porcentaje de niños con ARFID es menor que el de niños con alimentación selectiva normal.
Una señal que ayuda a distinguirlos: los niños con alimentación selectiva habitual, cuando tienen hambre real, son capaces — aunque sea puntualmente — de comer alimentos que normalmente rechazan. También es frecuente escuchar que "en el colegio sí come, pero en casa no" — lo cual indica que el problema está más relacionado con el contexto y la dinámica familiar que con una aversión profunda y generalizada hacia los alimentos.
Además, los niños con ARFID suelen presentar patrones de comportamiento selectivo no solo en la alimentación, sino en otras áreas de su vida cotidiana.
Ante cualquier duda, la evaluación por un especialista en gastroenterología pediátrica es el camino correcto.
En la Fundación Clara Inés King acompañamos a familias que enfrentan dificultades con la alimentación de sus hijos, junto a un equipo de especialistas. Si la hora de la comida se ha convertido en una batalla, estamos aquí.
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La mayoría de los niños con alimentación selectiva mejoran. No de un día para otro — pero mejoran. Con estrategia, con consistencia, con calma, y con el acompañamiento adecuado.
La hora de la comida puede volver a ser un momento tranquilo. Y tu hijo puede aprender a relacionarse bien con los alimentos. El camino existe — solo hay que recorrerlo con paciencia.
— Dr. Mauricio Larrarte
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